Que Hacer Cuando Tus Hijos Te Ven Sufrir

May 22, 2021

Han dicho que una imagen vale más que mil palabras….

Y cuando miro a esta foto, es cierto; se me atascan las palabras.

Solo encuentro un nudo en mi garganta que no desaparece.

Veo dos cosas aquí: una inocencia infantil y el dolor de una madre entrelazados de una manera que demuestran amor y lagrimas en un beso.

Ese trágico día de noviembre cuando regresé a casa después mi mamografía, mi esposo Ryan y yo pasamos muchos momentos abrazados, llorando y tratando de encontrarle sentido a la información que me acababan de dar. Todo lo que sabía en ese momento era que los resultados eran indicativos de cáncer de mama, pero no lo sabría con certeza hasta que se realizara una biopsia. Nuestras mentes se aceleraban y tratamos desesperadamente de no imaginar lo peor.

Unos momentos después, mi hijo mayor, que solo tenía 8 años, se me acercó con lágrimas cayendo por su dulce carita de niño.

 “Mami, ¿vas a estar bien?”

En ese momento, quería llorar, gritar, y dejar al suelo que me trague hasta que pueda despertar de esta pesadilla.

Pero en cambio, me sequé las lágrimas, me forcé una sonrisa enorme, y le dije: “¡Cariño, mami va a estar bien! ¡Estoy un poco triste por algunos de los tratamientos que tendré que recibir para mejorarme, pero voy a estar completamente bien! No te preocupes por nada, mi vida”.

Nos abrazamos y nos reímos. Él se secó las lágrimas y corrió afuera hacia la inocencia de la niñez una vez más.

¿Y yo?

Me quedé atrás con un cuchillo en el pecho sabiendo muy bien que le había mentido rotundamente. Porque, a decir verdad, en ese momento yo no sabía nada. Y honestamente, lo último que creí fue que todo estaría “completamente bien”. En mi mente asustada, solo me podía imaginar lo peor.

Ya han pasado seis meses desde ese día horrible, y durante este tiempo he tenido 1 biopsia, 3 tomografías, 2 cirugías, 1 colocación de puerto, docenas de citas médicas, 8 rondas de quimioterapia, y todavía me faltan 33 tratamientos de radioterapia, más supresión hormonal por un total de 10 años. He leído numerosos libros y he pasado incontables horas hablando con médicos, recorriendo PubMed, e investigando literatura. Sé mucho más ahora de lo que sabía entonces, y TODAVÍA, no sé si realmente estaré “bien”.

Pero más que nada en este mundo, no quiero que mis hijos preciosos sufran corazones quebrantados y asustados.

Quiero ponerlos en una burbuja y luchar contra la fealdad que este mundo les arrojará.

Quiero que duerman profundamente cada noche. Quiero que corran, salten, exploren; que jueguen con abandono y alegría, sabiendo que están y siempre estarán protegidos y seguros.

Quiero que tengan grandes planes y sueños grandiosos que no son limitados por miedos e inseguridades.

Quiero que confíen en la bondad y el amor de Dios por ellos.

Pero otra parte de mí sabe que eso no es lo mejor para ellos. Y por más que lo quiera, realmente es imposible. Porque tarde o temprano, no importa cuánto intente protegerles, sus vasijas también se romperán. No hay suficientes verduras, ni medicinas, ni cinturones de seguridad para garantizar una protección completa. Sus cuerpos podrán enfermarse, las serpientes podrán morderles, y accidentes de todos tipos ocurren cada dia.

Su tío puede morir. Su mamá puede contractar cáncer. Simplemente son demasiado jóvenes ahora para darse cuenta de la severidad de sus circunstancias.

Y aunque quiero desesperadamente luchar en contra este mundo feo, mantenerlos protegidos, y decirles que “todo va a estar bien”, también quiero leerles páginas de nuestra historia y enseñarles nuestro pasado lleno de guerras, enfermedades, y sufrimientos. Quiero llevarlos a otros países y mostrarles cómo viven la mayoría de la gente en este mundo. Que vean la diversidad de culturas, la belleza de nuestras diferencias, pero sobre todo la gran disparidad en la pobreza que no parece cambiar el gozo en los rostros de niños que viven día a día sin casi nada.

Quiero que sepan que todo no siempre estará bien.

Quiero que vean a su padre llorar porque tiene miedo de que su mundo se esté desmoronando.

Quiero que vean a su mamá durmiendo en el sofá mientras los químicos venenosos causan estragos en su cuerpo.

Quiero que me pregunten si es posible morir de cáncer.

Quiero que sepan que las vasijas si se rompen.

Porque uno de mis mayores fracasos como madre será despachar a mis hijos hacia este mundo creyendo que la vida nunca tendrá tormentas.

Así que quiero compartirte algo que he aprendido a través de este proceso rompiendo vasijas:

  • Cuando tu frasco se rompe, nunca serás el único quien se encuentra rodeado de arcilla quebrada. Todos los que amas y los que te aman a ti también serán heridos con los fragmentos de tu vasija rota. Y por mucho que lo desprecies, sus hijos amados estarán recogiendo los pedazos contigo.
  • No tienes que siempre ser fuerte. Tus hijos deben verte llorar. Te harán preguntas difíciles y tendrás que decir la verdad, sin importar cuan doloroso sea responderles.
  • Está bien decirles que no tienes la respuesta a todas sus preguntas. Nuestras vidas están llenas de incertidumbres e incógnitas, y es bueno demostrarles que no lo tienes todo resuelto.

Pero esto es algo importante que debes recordar: siempre, SIEMPRE, puedes decirles que crees en un Dios que todo lo sabe. Mejor que respuestas, garantías o promesas con mentiras vacías, puedes mostrarles fe en un Padre que tiene tu vida segura en Sus manos.

Y si logran aceptar esa promesa en sus mentes y corazones, esa verdad los llevará y los sostendrá a través de cada tormenta en sus vidas. Será la luz que brilla en cada vasija quebrantada, dándoles la paz y la esperanza que sobrepasa su propio entendimiento.

Y cuando surgen las preguntas difíciles e incontestables, les he dicho esto:

Todos somos como una oruga.

Una oruga vive el comienzo de su vida en un lugar muy limitado. Su tiempo de comer y gatear con piernas pequeñas y cortas es breve y fugaz en comparación a tu propia vida como un niño humano. Siendo tan pequeño y limitado como es, la oruga solo puede ver hasta cierto punto. Así que la oruga sigue viviendo su mejor vida, pero realmente no tiene ni idea de lo que hay más allá de su visión limitada. E incluso, si hablaras con la oruga y le contaras todos los lugares maravillosos de este mundo que se encuentran más allá de sus hojitas verdes, nunca lo podría ver; ni siquiera podría imaginar lo que estás intentando describirle, sea el mar, las montañas, un avión, o una cama caliente. La oruga simplemente no está diseñado a poder entenderlo. No es un defecto que tiene – es solo su diseño.

Pero algún día; algún día, pronto, esa pequeña oruga se transformará y se convertirá en una criatura tan hermosa y magnífica que ni siquiera recordará su estado anterior. Verá el mundo entero bajo una nueva luz y nunca deseará volver hacia atrás.

La oruga nunca será como tú; nunca podrá comprender la complejidad de tu cuerpo humano y tu cerebro intrincado, así como nosotros nunca seremos como Dios. Pero esa oruga se transformará en algo grandioso, y su perspectiva del mundo que lo rodea cambiará por completo para mejor. Y nunca querrá volver a su estado anterior.

Porque no importa cuánto lo deseemos, no siempre tendremos las respuestas que nuestros hijos nos piden. Así como la oruga, nuestro diseño es limitado.

Vivimos en un mundo donde suceden cosas difíciles y no podremos protegerlos de la angustia que se les viene. Y honestamente, no deberíamos querer protegerlos de todo. Les hacemos un deservicio al no dejarles sufrir con nosotros y aprender esa lección humana inevitable.

Así que entonces – cuando los frascos se rompan y se nos vienen preguntas difíciles:

  • Se sincero y honesto con tus hijos, pero también se sensible hacia cada uno de ellos individualmente. Cada persona tiende responder diferente cuando se les viene momentos de dolor e incertidumbre.
  • Piensa antes de tiempo cómo debes formar de mejor tus palabras y cuales respuestas son apropiadas para su edad y madurez emocional. Ayúdales procesar la información que les compartirás y pregúntales cómo se sienten al respecto.
  • Se sincero y honesto, pero también dales esperanza.

Siempre hay un lugar para la esperanza.

Pero más que nada, cuéntales acerca de Aquel que los amo tanto que dio su vida para poder ser el Consolador durante las tormentas de la vida. Habrá circunstancias cuando Él es la única razón por la cual tenemos alegría en medio del dolor.

Diles que pase lo que pase, esta vida que vivimos es simplemente un jardín de oruga.

La crisálida ya está por venir; las alas ya han sido diseñadas. La iridiscencia y belleza son inevitables.

Se acerca la metamorfosis, y aunque la oruga no tiene idea de en qué se convertirá o adónde lo llevará su nueva vida, el confía en el Creador que lo diseñó para un propósito mucho mayor que el de masticar hojas verdes por el resto de su vida.

Por lo tanto, cuando no puedes encontrar respuestas apropiadas y tus palabras son limitadas, nunca dudes el diseño del Creador. El es capaz de crear alas de la nada, y te enseñara a volar hacia lugares que nunca podrías imaginar.

Hi! I’m Amy…

I am a stay-at-home mom with a passion for books, baking, gardening and homeschooling. My calling to write stems from the desire to share the depths and vastness of grief and suffering, and how to point it back towards an eternal perspective through Jesus. Called to live full and grace filled lives, I hope to acknowledge pain, inspire joy through brokenness and find purpose in the beauty, the ugly and the mundane of parenting day to day. 

My husband, Ryan, and I live in Charleston, SC with our 4 busy boys, 2 dogs and constant influx of tadpoles, frogs, crayfish and lizards.