Fe Perseverante

Sep 22, 2021

Una de las cosas más interesantes de haberme criado en el extranjero como una hija de misioneros fue la frequentidad de visitantes de muchos países alrededor del mundo. Los campos misioneros atraen a personas cuyos corazones están apasionadas por Jesús y Su mandato de predicar el evangelio a todas las naciones. Y nuestro hogar se convirtió en un refugio para las personas como aquellas. Tuvimos una afluencia constante de amigos de todo el mundo que predicaban el evangelio a través de dramas, deportes, juegos, arte y testimonios genuinos de cómo Dios había cambiado sus vidas. Alojarlos fue una de mis experiencias favoritas cuando era niña y adolescente.

Fue una tarde más fresca de julio en Bolivia, cuando el invierno nos presta una breve y apacible visita a la selva amazónica. Un amigo misionero de Fiji había venido a visitar a nuestra familia y pasar tiempo con nuestra iglesia local. Esa noche durante nuestra reunion, habló de cómo Jesús lo había redimido del hombre quebrantado que era antes, y las palabras que compartió me conmovieron y alentaron. Mientras caminábamos juntos a casa esa noche por las calles de ladrillos descoloridos de nuestro pueblo, le dije lo alentador que era escuchar a personas como él compartir testimonios tan poderosos de lo que Dios había hecho en sus vidas.

“Nunca he sido nada más que cristiana”, le dije. “Si tuviera que ponerme frente a una multitud y compartir mi testimonio personal como tú lo acabas de hacer, yo no tendría nada que decir”.

Caminamos en silencio mientras compartía mis pensamientos con él. Me sentí plena y sencilla. Sin visiones ni sueños. Ningún cambio radical a través de un momento grandioso de revelación y salvación. Simplemente soy lo que siempre he sido.

Pero sus palabras rompieron el silencio y los pensamientos negativos que corrían por mi mente. “Amy, tienes un testimonio increíble”, respondió. “¿Sabes lo difícil que es quedarte firme y fiel cuando nunca has conocido algo mas? Tu no tienes un testimonio asombroso, que agrada a la audiencia porque nunca te has desviado de la fe a la que fuiste llamada desde el principio. Ese, amiga mía, es el testimonio más grande que puedes tener”.

Se me vino una sonrisa al rostro. Inmediatamente supe lo que mi amigo me estaba diciendo. Y esa fue la última vez que deseé un testimonio diferente al pleno y aburrido testimonio que era solo mío.

La última vez, hasta ahora.

“Nuestra causa nunca está tan en peligro como cuando un humano, que ya no desea, pero todavía se propone hacer la voluntad de nuestro Enemigo, contempla un universo del que toda traza de Él parece haber desaparecido, y se pregunta por qué ha sido abandonado, y todavía obedece.” C. S. Lewis, Cartas del Diablo a su Sobrino

La obediencia ante la desesperación es el ariete que hará temblar las puertas del infierno.

Y no me voy a rendir.

He caminado con Jesús mis 34 años, sin perder nunca de vista la cruz. Me he enfrentado a la muerte, el dolor, la decepción, el cáncer, la enfermedad y una batalla diaria temiendo que mis días seran breves en esta tierra. A lo largo de cada temporada de sufrimiento, nunca dejé de creer ni dejé que mis oraciones caigan en silencio. Me he aferrado a mi fe como un salvavidas en un mar tempestuoso.

He rogado por sueños y maravillas. He dudado, he discutido y he llorado. Clamo en desesperación mientras tropiezo en los valles. He buscado huellas en la arena.

Y, sin embargo, la fe es lo único que permanece. Porque la fe no es un sentimiento – es una decisión de creer sin importar lo que siento.

Mientras caminaba esa noche hace tantos años atrás, nunca me di cuenta de lo difícil que sería este testimonio mío. Se me parecía fácil mantener el rumbo cuando no tenía que caminar por aguas profundas. Mi llamado fue quedarme cimentada en la fe que encontré tan fácil de creer.

Pero los mares me han encontrado y creer ya no es tan sencillo ni fácil.

Y mientras me he enfrentado a la oscuridad de noche, no encuentro relámpagos en el cielo, ni esa voz en el viento, ni mares Rojos separados.

Es la fidelidad lo que me sostiene a través de los momentos de dolor y tristeza más profundos. Es la promesa en mi corazón cuando mi mente no encuentra sentido. Y es la verdad en mis pensamientos cuando mi corazón me falla.

Son las oraciones de mi madre y la sabiduría de mi padre.

Es el espíritu que intercede cuando no encuentro palabras.

La carrera más grande de nuestras vidas es una carrera que dura toda la vida, y no existe un atajo mágico ni una forma más fácil de correrla.

Firme. Fiel. Recordando a cada paso que corremos hacia Aquel quien nos sostiene incluso cuando nuestras fuerzas fallan.

Este es mi testimonio: De nunca abandonar mi fe.

De buscar su rostro día y noche.

De bendecir su nombre lluvia o sol.

De creer que Él es bueno incluso cuando mis circunstancias no se sienten bien.

De correr mi carrera y fijar mis ojos en Jesús.

Hi! I’m Amy…

I am a stay-at-home mom with a passion for books, baking, gardening and homeschooling. My calling to write stems from the desire to share the depths and vastness of grief and suffering, and how to point it back towards an eternal perspective through Jesus. Called to live full and grace filled lives, I hope to acknowledge pain, inspire joy through brokenness and find purpose in the beauty, the ugly and the mundane of parenting day to day. 

My husband, Ryan, and I live in Charleston, SC with our 4 busy boys, 2 dogs and constant influx of tadpoles, frogs, crayfish and lizards.